
Antonio Rubio tiene cada año el mismo problema: cuando se acerca el DÃa de la Hispanidad, se ve obligado a hacer las maletas para abandonar el paÃs. Vive el patriotismo con una intensidad tal que su organismo no puede soportarlo. “Es algo genético. A mi padre le estalló el pecho hace seis años viendo el desfile militar. Fue muy dramático. El pulmón derecho se elevó como siete metros y todos pensaban que habÃa sido ETA”, explica. Ha reservado habitación en un hotel de Londres “porque Francia está demasiado cerca. Sólo espero no encontrarme con un turista español. La emoción acabarÃa conmigo”.