
Eduardo Moragas, ingeniero retirado, amenaza a su familia con dedicarse por completo “al noble arte de la poesÃa”, para el que considera que está claramente dotado “aunque el trabajo habÃa impedido hasta ahora que transformara en versos todo lo que siento”. Agotada ya la vÃa del diálogo, sus amigos y allegados buscan desesperados un resquicio legal que permita declarar a Moragas incapacitado para dedicarse a la escritura. El jubilado no descarta tampoco escribir “una novela rural cuyo trasfondo serÃa el amor” y su primera composición, “Salud, astro lactante”, viene acompañada de un Power Point con música y fotografÃas de su nieto recién nacido.