Llega a Fuerteventura un inmigrante con varios cayucos
Un hombre subsahariano de unos treinta y cinco años apareció anteayer en una playa de Fuerteventura con varios cayucos. Interrogado por la Guadia Civil, afirmó que no faltaba nadie a bordo ya que viajaba solo. “Me gusta viajar solo, ves las cosas de otra maneraâ€, aseguró. El hombre, que se encontraba “un poco cansado, dadas las circunstanciasâ€, fue atendido en una clÃnica de la Cruz Roja, donde se pudo afeitar y más tarde donó sangre.

Higinio Sainz, murciano de 44 años, murió ayer al serle extraÃda toda su sangre en una unidad móvil de la Cruz Roja “porque no dijo ‘basta’ en ningún momento”, asegura la enfermera que atendió al donante. Carmen Tafallé, esposa del fallecido, denuncia a la organización y afirma que “siempre que Ãbamos a por el pan, las enfermeras nos miraban con cara de pena y decÃan ‘pobres niños, en los hospitales’. Al final mi esposo accedió a donar su sangre y esos chupópteros no sólo se la quitaron toda sino que siguen pidiendo más”. Cruz Roja argumenta que la vÃctima “ya conocÃa los riesgos porque leyó un cartel que dice que donar sangre es donar vida”.
Don Leandro de Ribadeneyra, acaudalado prohombre de la cultura conocido por sus excentricidades, ha decidido abandonar la comodidad de su residencia en la Sierra madrileña para emprender un viaje en hidroavión “alrededor de todas las zonas deprimidas de nuestro planeta” con el objetivo de rociarlas con gas de la risa. Varias organizaciones humanitarias han puesto el grito en el cielo ante la iniciativa y el director general de Médicos sin Fronteras, Aitor Zabalgogeazkoa, no ha dudado en tildarla de “frÃvola estupidez”.


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