cirugía

ALEGA QUE LA SANGRE SECA NO HAY QUIEN LA QUITE

Interrumpe una operación a vida o muerte porque había que fregar

Mariano Sánchez estaba siendo intervenido ayer a corazón abierto por un equipo de cirujanos del Hospital de Bellvitge cuando, interrumpiendo la operación en el momento en el que el doctor Salazar sujetaba una aorta con el pulgar, una de las mujeres del servicio de limpieza irrumpió en el quirófano y se puso a fregar la sangre del suelo mientras tarareaba una canción de Shakira. Cuando las enfermeras intentaron detener a la mujer, ésta echó de la sala a todo el personal. “Fue un momento muy delicado porque el doctor tuvo que seguir pinzando la aorta con el pulgar mientras empujábamos la camilla”, dice una de las enfermeras que estaba presente. Sigue leyendo…

HÉROES DE VERANO

“Engaño a mi mujer para fomentar la natalidad”

Andrés Rofias siente la necesidad de procrear desde los trece años. “Coincidió con el descubrimiento de mi sexualidad, curiosamente”, confiesa. Después de casarse y tener dos hijos, había inhibido sus ansias de semental “porque mi esposa no quería más niños y, conociéndola, supuse que no le haría gracia que los tuviera con otras personas”. Sin embargo, tras ver un reportaje sobre la baja natalidad en España, entendió que estaba siendo egoísta. “Sería más fácil quedarme en casa, pero el país necesita que mi semen circule y cree vida”.

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SE IMPLANTARÍA RIÑONES DE TOUS SI EXISTIERAN

Se saca los ojos para ponerse cristales de Swarovski

Bibiana Creixell, girundense de 50 años, se ha sometido a una compleja intervención quirúrgica para implantarse cristales de Swarovski en las cuencas oculares. “Muchas se empeñan en ponerse pechos u operarse la nariz, olvidando que la mirada lo es todo” dice Creixell. El médico ruso que la ha intervenido sostiene que estos arriesgados procedimientos deben estar muy justificados, pues “no todas las pacientes tienen hecho el cuerpo para tanto estilo y podrían rechazarse los implantes”. Sigue leyendo…

The Art of Surgery

Siempre he pensado que separar las ciencias de las artes como si se tratara de actividades totalmente distintas es algo absurdo y gratuito. Ya en el colegio me obligaron a escoger entre las ciencias y las humanidades. Yo me decanté por las humanidades porque mi profesora de física no se depilaba, mientras que la de literatura española, aún siendo fea como la otra, no era tan desagradable. Esta decisión más bien impulsiva puede que haya marcado para siempre mi trayectoria vital. De hecho, es evidente que la ha marcado: estoy escribiendo esto en vez de redactar un artículo complejo y revolucionario para el MIT. Sigue leyendo…