
David Lomana odia esta época del año. Cuando se acerca el buen tiempo, espera entre rabioso e intrigado a que suene la canción del verano de turno para descubrir “en qué frase de las mÃas se habrán inspirado esta vez”. Está convencido de que su vecino, que es letrista, escribe estribillos pegadizos inspirándose en frases que él dice sin darse cuenta. “Compramos unas cortinas nuevas y le estuve explicando a mi mujer cómo funcionaban. Le dije: ‘siempre asÃ, abajo, abajo, abajo’. Al cabo de unos meses, sonaba la cancioncita: ‘siempre asÃ, abajo, abajo, abajo; siempre asÃ, arriba, arriba, arriba’. Y cada año lo mismo”.