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ESPECIAL AMPUTACIONES

Se arranca una oreja para ver cuánto tarda la ambulancia

Alfredo Hordás decidió arrancarse ayer una oreja con el fin de provocar una situación de urgencia y comprobar cuánto tardaba la ambulancia en acudir a su domicilio para auxiliarle. “Primero pensé en hacer saltar todos mis dientes de un puñetazo, lo que pasa es que caí en la cuenta de que no podría llamar a la ambulancia porque no hablaría con claridad”. Según Hordás, no hizo falta esperar más de veinte minutos para recibir la visita de los médicos pese a que, al llamar, la operadora insistió en que, sin la oreja, podía desplazarse por su propio pie al hospital. “Son la hostia. La ley del mínimo esfuerzo. Pero bueno, les das caña y responden”, admite Hordás. Sigue leyendo…

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El abrefácil de una lata de atún causa decenas de amputaciones

Cientos de consumidores han interpuesto una demanda conjunta contra una marca de conservas por el nuevo abrefácil que la empresa ha implementado en sus latas de atún y de berberechos. El nuevo sistema de apertura consiste en una pequeña carga de explosivos que, en teoría, hace que el proceso de abrir las latas sea tan sencillo “como abrir un sobre de papel o demoler un edificio pequeño”. La marca reconoce ahora que quizá algunas latas contenían demasiada nitroglicerina.

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Le amputan una pierna para que no se la manche

Cansados de que su retoño se manchara los pantalones al comer con la mano porciones de pizza y otros alimentos, los padres de Serafín Robledo acudieron ayer al Hospital de San Pablo, en Barcelona, solicitando que se le amputara al niño la pierna derecha “porque siempre la lleva sucia de los restos de comida que se le caen y es una vergüenza”. El equipo médico estuvo considerando otras opciones: tras valorar la posibilidad de amputarle la mano derecha para que no pudiese agarrar la comida con ella, se prefirió la primera opción “ya que no tiene educación y sin la mano hubiera seguido comiendo amorrándose directamente al plato”, admite la madre. Sigue leyendo…

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Pierde la mano al dársela a un inspector de Hacienda

El empresario alicantino Antonio Martínez ha perdido esta mañana su mano izquierda al tendérsela amablemente a un inspector de Hacienda que había acudido a su despacho para realizar una auditoría. “No perdonan nada, son implacables. Primero me amenaza con una multa millonaria simplemente porque no había declarado una serie de ingresos menores y luego, tras negociarlo e intentar suavizar el tema, le tiendo la mano como gesto de cortesía y se la lleva toda, incluyendo un reloj de oro que según él había pasado como gasto ilegalmente”, se lamenta Martínez. Sigue leyendo…