Al grito de “Deja, deja, que esto ya está caliente”, el extremeño Efraín Gutiérrez, de 57 años, lleva más de seis horas lanzando monedas a una fuente del parque de El Retiro de Madrid con la esperanza de obtener un premio. “El fondo ya está hasta arriba de monedas”, argumenta, “así que el gordo tiene que estar al caer”.

Según afirma Gutiérrez, que actualmente cobra un subsidio por desempleo, la última moneda de veinte céntimos que arrojó al agua obtuvo un resultado de “pato pato carpa” y eso, según su intuición, es buena señal.

Ante las críticas de quienes consideran que su conducta es muy poco sensata, Efraín se ve obligado a admitir que tienen razón. “Ha sido un error venir al parque con tan poco dinero suelto. Tengo un billete de 50 euros en el bolsillo, pero si me acerco al quiosco para cambiarlo en monedas cualquiera podría venir a ocupar mi lugar en esta fuente, justo ahora, cuando se acerca el momento decisivo”.

Gutiérrez escruta con especial recelo a los orientales que practican Tai Chi a pocos metros de él, en el césped del parque. Sabe por experiencia que “los chinos tienen buen ojo para estas cosas y siempre están al quite, así que el hecho de que haya tantos en las inmediaciones es otro indicio de que la fuente está a punto de escupir el premio”.

Mientras usa su teléfono móvil para pedir un crédito a Cofidis “por lo que pueda pasar”, Efraín se desprende de sus últimas monedas con cierto sentido de la urgencia, porque estima que a estas alturas del año ya debería estar pillando un buen sitio en la cola de Doña Manolita para comprar lotería de Navidad.