La misión de evacuar a los doce niños y su entrenador atrapados durante 18 días en la cueva inundada de Tham Luang, en el norte de Tailandia, concluyó con éxito esta semana sin que fuera necesaria la intervención del minisubmarino que el empresario Elon Musk encargó diseñar expresamente para liberar a las criaturas. Aunque el primer ministro tailandés, Prayut Chan-o-cha, dijo que estaba muy agradecido por los esfuerzos de Musk, éste se mostró “furioso y fuera de sí” al saber que la operación de rescate había salido adelante sin su ayuda.

“Dije que iba a hacer todo lo posible, que había puesto a mis ingenieros a trabajar en el asunto, y ellos siguieron por su lado negándose, quién sabe si por orgullo, a dejar el tema en mis manos”, lamenta el fundador de Tesla, que ha reaccionado airadamente encargando a su equipo que se deshaga del minisubmarino mandándolo al espacio. “Es el segundo trasto inútil que pongo en órbita”, señaló Musk en referencia al coche descapotable que envió al espacio el pasado mes de febrero “porque alguien había hecho un comentario negativo sobre él”, según confirman fuentes de su compañía.

“Ha intentado mandar a varios ingenieros al espacio, sin oxígeno ni nada, tras algunas discusiones, y no está claro que ese minisubmarino viaje solo, su idea inicial era meter a los niños tailandeses en él”, reconocen algunos empleados de Musk. Se cree que “lo dijo en pleno enfado” y que los niños, por el momento, no sufrirán directamente ninguna represalia por haber salido de la cueva antes de tiempo.

“¿Qué hago yo con esta mierda?”, se preguntaba el emprendedor frente al minisubmarino. “Igual decido que los componentes de nuestros coches ya no los fabrican niños tailandeses, a ver qué hacen entonces”, agregó amenazante.