Según han informado cuervos llegados a las redacciones periodísticas de todo el país, el marido de la infanta Cristina, Iñaki Urdangarin, ha ingresado a las 8.13 de este lunes en las mazmorras del Palacio de la Zarzuela, en Madrid, después de que el pasado miércoles la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Palma le diese cinco días para entrar en una cárcel que él mismo eligiese de entre las 82 que hay en España.

El exdeportista se habría decantado por las mazmorras de la Casa Real, ubicadas en los sótanos “eternamente húmedos y malditos” de Zarzuela, a fin de contentar a su familia política y confiando en recibir un trato favorable de parte de Gork y Raurg, los carceleros de las celdas reales.

Este módulo penitenciario se encuentra vacío en la actualidad, después de que el único prisionero de la Casa Real, un campesino llamado Gerardo Guzmán y condenado por robar unos melones, falleciera hace dos años de disentería, por lo que Urdangarin estará rodeado de celdas vacías y solo recibirá la visita de cuervos, alimañas y el fantasma de Felipe IV.

Las ventajas que el yerno del Rey ha encontrado en su elección son, básicamente, la posibilidad de ser rescatado por un caballero o un brujo, aunque también está a merced de los caprichos del monarca, que podría castigarle a llevar una máscara de hierro, a ser desterrado o a participar en un entretenimiento de los borbones conocido como “La Cacería” y tras el que, si sale con vida, podría obtener su libertad.