Considerando que una dieta equilibrada ha de poder diferenciar entre preposiciones y verbos, Knorr, la empresa del Grupo Unilever dedicada a la fabricación de caldos, ha decidido incorporar tildes a sus sopas de letras. “Muchos consumidores nos exigían tildes diacríticas porque no sabían lo que se estaban comiendo”, explica Pedro Antolín, secretario de comunicación de la marca.

“La ausencia de signos de puntuación en las sopas provocaba que muchos compradores no supieran cuándo parar de comer y se acabasen cebando”, reconocen en las oficinas centrales de Knorr, detallando que además de tildes también introducirán puntos y comas en sus envases.

“En estos años se han dado casos de niños que comían palabras con faltas de ortografía y luego se encontraban muy mal”, denuncian desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

Knorr no descarta añadir un colorante fluorescente para subrayar las frases importantes que se formen en sus sopas. “La gente no siempre dispone de tiempo a la hora de comer y no queremos que lo pierdan comiéndose frases intrascendentes, de relleno”, avisan.

No se vivía una innovación semejante en Knorr desde que en 2001 comenzaron a vender un paquete de sopa con dos eses y una o gigantes a sugerencia de un trabajador desaparecido y del que nunca se ha vuelto a saber nada.