El Palacio de la Moncloa espera a sus nuevos inquilinos. Pedro Sánchez, Begoña Gómez y sus dos hijas pronto dejarán su piso de Pozuelo de Alarcón para ocupar la casa presidencial. ¿Pero qué reformas necesita hacer el líder socialista en La Moncloa? Nuestros expertos de Idealista te lo explican.

Construir una piscina que sea más grande que la de Pablo Iglesias. El presidente del Gobierno de España no puede seguir viviendo ni un minuto más en una casa peor que la del líder de Podemos. Cuanto antes comiencen las obras antes podrá comenzar la regeneración de este país.

Habilitar una habitación con gravedad cero en la que reunirse con Pedro Duque. El nuevo ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, es muy dado a dar largos paseos por el techo durante sus reuniones. Si Pedro Sánchez quiere entenderse con él, tendrá que eliminar la gravedad de al menos una de las habitaciones.

Instalar agua corriente y baños. El inquilino anterior estuvo seis años yendo a hacer de vientre al bar de abajo y duchándose en la fuente del jardín interior. Pedro Sánchez debería cambiar esta dinámica al menos en deferencia a las visitas de los jefes de Estado de otros países.

Colocar probadores de ropa. Tras criarse en la cuarta planta de El Corte Inglés siendo amamantado por dependientas salvajes, Pedro Sánchez es incapaz de vestirse en otro sitio que no sea un probador. Si España no quiere un presiente nudista, deberá aceptar esta reforma.

Instalación de una trampilla a tres metros de la mesa presidencial. Aznar fue el último presidente en utilizarla, pero Pedro Sánchez ya ha informado de que la va a necesitar. Poder tirar por un profundo agujero a las visitas menos deseadas es un derecho fundamental de cualquier inquilino de La Moncloa.

Reforzar la seguridad de la entrada para que no se cuele Albert Rivera. Mariano Rajoy descuidó este aspecto y Pedro Sánchez se le acabó metiendo dentro. Si el actual presidente no quiere que le pase lo mismo con Albert Rivera, tendrá que elevar la altura del muro y poner doble candado en el portal.

Sustituir El Quijote por un libro de Màxim Huerta del que tirar para abrir el pasadizo secreto de detrás de la estantería. Muchas de las visitas ya sospechaban que ese ejemplar de la novela de Miguel de Cervantes era el que hacía de clavija, especialmente desde que Rajoy comenzó a guardar las sillas plegables para los invitados en el búnker y entraba y salía varias veces en cada reunión para acomodarlos.