Sucedió en la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte. Brian Kauffman, de 57 años, entró en un supermercado Costco armado con un rifle y ordenó a todos los presentes que se tiraran al suelo. En medio del pánico y la confusión, el atracador llenó varios carros de productos y después se acercó a las cajas para pedir que se lo entregaran todo a domicilio.

Según testigos presenciales, los trabajadores del establecimiento obedecieron sin rechistar y comenzaron a empaquetar su compra. “Nuestra política es muy clara: a partir 75 dólares el transporte a casa es gratuito, y este señor triplicaba esa cantidad”, declara Philip Jones, gerente de la tienda. “Además el sujeto era socio de Costco, no podíamos tratarlo como un atracador cualquiera”, añade.

En estos momentos, la policía estatal se encuentra en el domicilio del sospechoso. Fuentes policiales apuntan que los agentes llevan más de dos horas reunidos con el atracador porque éste les ha ofrecido hasta diez tipos diferentes de refrescos. “Nunca habíamos visto tanta variedad de productos en una nevera particular”, reconoce el jefe de la brigada. “Detener a un hombre tan hospitalario sí que sería un delito”, asegura.

No es la primera vez que Brian Kauffman protagoniza un acto de este tipo. En el año 2004, en el condado de Anson, también en Carolina del Norte, el delincuente se hizo con un millón de dólares al atracar un banco pero, en lugar de marcharse con el dinero, se lo devolvió al director de la sucursal para que lo ingresara todo en su cuenta.