Después de sufrir cinco atracos por el método del alunizaje en poco más de seis meses, los dueños de la joyería Priscilla, en el barrio de Salamanca de Madrid, han decidido reconvertir el establecimiento en un garaje. La decisión, según cuenta su dueño, Paco Ribera, se tomó cuando un Fiat Tipo se estampó contra el escaparate hace dos semanas porque tres minutos antes lo había hecho un Skoda Octavia “y el conductor pensó que había hueco”. Fue la gota que colmó el vaso.

“Al principio se estampaban para robarnos el género, pero últimamente, como en esta calle no hay aparcamiento o es todo zona azul, muchos se metían dentro de la tienda para dejar el coche, era un cachondeo”, confirma la mujer de Ribera, apenada por tener que abandonar el mundo de la joyería pero convencida de que con el garaje ganarán más dinero. “Un hueco para aparcar en Madrid es una verdadera joya hoy en día”, admite.

“Seguimos siendo joyeros, así que a los clientes continuaremos ofreciéndoles grabar sus iniciales en la carrocería, o ajustar el diámetro del volante para que se adapte mejor a sus manos”, explica Ribera. “Podemos lavar el coche a fondo e incluso bañarlo en oro”, agrega. El dueño recuerda además que “los que tengan una moto pequeña o un Smart pueden dejarlos en la caja fuerte”.

El establecimiento reconvertido ha vuelto a abrir sus puertas esta tarde, esta vez sin cristal blindado en el escaparate, aunque muchos clientes echan de menos romperlo con el coche. “El primer cliente ha sido un señor que ha querido sorprender a su novia regalándole un sitio para aparcar en el centro. El pobre hombre llevaba meses dándole vueltas al tema, y a la manzana. La chica no se lo podía creer, se ha puesto a llorar y ha dado el ‘Sí, quiero’ al instante. Por estas cosas merece la pena seguir con esto”, confiesan los propietarios.