Marta Fernández, natural de Guadalajara, se ha visto obligada esta mañana a comprar un Renault Clio Sport Tourer 1.2 Life para poder pagar con tarjeta una bolsa de pipas alcanzando el importe mínimo para efectuar la operación. La mujer, que realmente deseaba comerse las pipas, ha acabado comprando el coche por valor de 10.000 euros para que la dependienta le permitiera llevarse la bolsa de frutos secos.

“No tenía nada de cambio y el mínimo para pagar con tarjeta eran seis euros”, confirma. Según testigos presenciales, ninguno de los productos que se encontraban en ese momento al lado de la caja satisfacía los intereses de Marta, por lo que la mujer acabó optando por hacerse con el automóvil. “Ahora que tengo coche podré dejar calderilla en él para comprarme pipas”, reconoce. “En el fondo ha sido una muy buena inversión”, celebra.

No es la primera vez que Fernández realiza una compra similar. En 2016, la mujer se compró un piso en las afueras de Guadalajara para poder pagar un yogur con tarjeta. “Mi gestor me pide que lleve efectivo, que la tarjeta es más cómoda pero me sale más cara”, reconoce, al tiempo que se declara incapaz de renunciar al confort del plástico.

“La inmensa mayoría de concesionarios ya se está asociando con pequeños bares y estancos con la finalidad de multiplicar sus ventas”, declara Jaime Camuñas, comercial de automoción. “También hay marcas de coches que establecen el pago mínimo con tarjeta en 40.000 euros para obligar al cliente a comprar dos”, concluye.