“Mis huesos se revolvieron en la tumba cuando vi el extracto del banco”. Con estas palabras describe Mauro Sigüenza su reacción cuando se enteró de que, diez años después de su fallecimiento, su compañía aseguradora continuaba cobrándole la cuota mensual del seguro de vida.

“Se aprovechan de que te has muerto, es una vergüenza”, argumenta el afectado, que ha devuelto el último cargo y amenaza con resurgir de entre los muertos y pelear para que le devuelvan todo el dinero que le han estado arrebatando tanto a él como a sus legítimos herederos. “Si les hago una visita, les aseguro que no será agradable: No van a ver mi mejor cara”, amenaza Sigüenza.

Aunque para él ya es tarde, el fallecido asegura que es fundamental llevar un control del gasto para detectar estas estafas. “De seguir vivo me bajaría la app Fintonic, que tiene un sistema de alertas que avisa del cobro de comisiones, recibos duplicados, descubiertos o vencimientos de pólizas”, insiste.

“Prefiero no darle más vueltas porque me altero y morí de un infarto, así que me conviene estar tranquilo. Pero a los que siguen vivos les recomiendo que controlen lo que les cobran”, concluye el muerto.