Un buen anfitrión está obligado a mostrar su casa cuando alguien la visita por primera vez, del mismo modo que los visitantes, por ley, deben pronunciar la frase “Ah, está muy bien” en cada estancia que visiten. Pero, ¿sabes cómo amenizar este trámite tan tedioso? Te sugerimos algunas ideas para que estos tours sean más amenos.

Humor: es muy importante que tengas preparados algunos chascarrillos para soltarlos como si nada en algunos puntos de la visita guiada. Una broma muy socorrida es, al entrar al cuarto de baño, abrir la puerta un par de segundos, oler, y entonces abrir a la vez que dices: “Sí, se puede entrar. Es que Carlos ha entrado antes, y vamos, ha sido una masacre, ja ja ja”.

En caso de mucha confianza con los invitados, también puedes referirte a los armarios empotrados como “donde guardamos los cadáveres”.

Historia ficticia: un piso es un piso. Con más o menos habitaciones, más o menos humedades en las paredes, pero no tiene mucho misterio. A no ser que se lo pongas tú. Invéntate que en esa casa, hace años, fue asesinada una monja. Desde entonces, su sed de venganza hace que, cuando alguien utiliza el lavabo, se le aparezca con unas tijeras de costurera. Con suerte, las visitas no te salpicarán la tapa del excusado por miedo a la monja.

Invitados especiales: en cualquier show que se precie se agradece mucho la visita inesperada de alguien que no estaba anunciado. Hay muchos artistas que irían a dejarse ver a tu casa a cambio de un bocadillo de jamón. ¡Imagina la cara de tus visitas cuando, al abrir el despacho, vean a Arévalo dentro, y empiece a contar chistes!

Microteatro: también se agradece mucho cuando son los anfitriones los que se vuelcan personalmente en una experiencia más auténtica. Si tienes pareja, lo que nunca falla es una buena discusión a gritos delante de tus invitados. ¿Qué tal si discrepáis con los pomos de puerta que tu pareja eligió? ¿O si tú dices que a tu marido le vieron cara de tonto, y que si tú hubieras negociado lo habrías conseguido más barato? Los desencadenantes de una buena discusión a gritos son infinitos. El único límite es tu imaginación.

Magia: la magia gusta a todo el mundo. Decidme el nombre de un solo mago que os dé rabia. Exacto: ninguno. Por eso siempre es efectivo sorprender a vuestras visitas con un par de trucos. Por ejemplo, finge que le salen monedas de la oreja a alguien, o saca un conejo al abrir el lavavajillas.

Concurso: al llegar a una estantería con muchos libros es muy entretenido pronunciar la frase: “Tengo entre esos libros dos cómics que me prestaste. Tienes un minuto para encontrarlos”. Evidentemente, los cómics están en otra estantería, a salvo de volver con su antiguo propietario.

Incomodidad: ahora está muy de moda el posthumor e incomodar al espectador. Guiña un ojo a uno de los visitantes, o bien pronuncia frases poco estándar en este tipo de presentaciones: “Esta vitro va muy bien para que te empotren encima”, por ejemplo.