Esta mañana, una lagartija se ha convertido en la vergüenza de su comunidad al desprenderse de su cola de una manera precipitada y cobarde ante la presencia de un inofensivo niño de cuatro años.

Testigos presenciales afirman que la lagartija se encontraba tomando el sol apoyada en una roca cuando el pequeño la vio y se acercó a ella con curiosidad pero sin malas intenciones. Nada más estirar el crío su inocente brazo para tocarla, la lagartija se deshizo de su cola y salió corriendo a toda velocidad. “Fue ridículo”, se sincera un testigo ocular. “Ojalá pudiera haberme desprendido yo de mis ojos para no ver algo tan lamentable”, añade.

La cola se quedó retorciéndose sobre la roca ante la absoluta indiferencia del niño, agitándose indignada por la reacción de su dueña. Escondida tras una grieta, en estos momentos la lagartija sigue mirando al niño con miedo mientras éste juega sosegadamente con una flor. El reptil se ha convertido en el objeto de las burlas de sus compañeras y tendrá que arrastrar la vergüenza hasta que la cola le vuelva a crecer y pueda pasar desapercibido.

“Si tiras la cola luego la siguiente crece más fuerte”, ha argumentado la lagartija al cierre de la edición. Una excusa a todas luces improvisada que no ha convencido a nadie.