Aunque las duchas de la cárcel estaban a rebosar en ese momento, ninguno de los presos reaccionó cuando a Fernando Vidal, un recluso de 27 años que cumple condena en la cárcel de Mansilla, se le cayó el jabón al suelo esta mañana. La indiferencia de sus compañeros le provocó un importante bajón de autoestima. “Nada duele más que la indiferencia”, se sincera.

Según fuentes del centro penitenciario, tras marcharse todos el recluso se ha quedado solo en el vestuario y se ha sentado a llorar en el suelo mientras el agua de la ducha le caía encima con fuerza. Después ha vuelto a su celda sin mediar palabra. Los funcionarios de la prisión aseguran que, desde ese incidente, se ha vuelto un hombre mucho más reservado e introspectivo. “Solo le han roto el corazón, que en el fondo es lo peor que te pueden romper aquí”, reconocen.

A los familiares de Fernando Vidal les preocupa que ya no vuelva a ser el mismo. “La última vez que hablamos con él estaba totalmente abatido, quiere pedir un traslado de módulo”, explican. “Se ha quejado de que lleva meses machacándose en el gimnasio del patio para nada”, añaden.

La ausencia de incidentes en las duchas de las cárceles españolas ya es el principal foco de preocupación de Instituciones Penitenciarias.