Cientos de jóvenes se agolpan desde ayer ante las delegaciones de Hacienda de todo el país con la esperanza de ser los primeros en presentar su declaración de la Renta.

Los “montoriers”, como ellos mismos se denominan, duermen al raso a las puertas de su oficina favorita. Se animan cantando canciones como ‘El Montoro enamorado de la luna” y fantaseando sobre si al día siguiente tendrán la suerte de poder presentar la declaración. “Sabemos que el ritmo de los funcionarios solo da para tres o cuatro contribuyentes al día”, explica Kevin Sarmiento, un joven ‘montorier’ que ocupa uno de los primeros puestos en la fila. “¡Hoy he soñado que uno de ellos renunciaba a su cuarto desayuno y me atendía!”, añade, entre risas.

Unos puestos más atrás, Ronnie Salazar, un inmigrante ecuatoriano que se ha integrado perfectamente entre los ‘montoriers’, cuenta que se ha rapado la cabeza para parecerse a Montoro. “Vine a España por el sol y la playa, y me quedé por Montoro”, afirma.

De vez en cuando, en las delegaciones de Madrid, la calma se interrumpe cuando un BMW pasa delante de los fans. Crecen las sospechas y los rumores de que a bordo del coche podría ir el ministro Montoro. Cuando descubren que no es él, los jóvenes contribuyentes vuelven ordenados a su puesto en la fila.

A pocos metros, los padres de algunos de ellos charlan entre sí, mientras vigilan que sus retoños estén bien. “A mí no me gusta Montoro”, dice Marisa, madre de un ‘montorier’. “Pero al niño le hace ilusión, así que… ¿qué vas a hacer?”. Explica que ella había hecho lo mismo con Miguel Boyer, así que no puede echarle en cara nada a su hijo.