Una sesión de risoterapia celebrada esta mañana en el taller de psicología Bienestar Vallecas, en Madrid, ha tenido que interrumpirse porque uno de sus participantes, Rosendo Romero, se ha sentido ofendido por las propias risas que supuestamente debían sanarle. “Me parece fatal que nos riamos de que estamos mal y necesitamos venir aquí a reírnos, la verdad”, ha argumentado en plena sesión, insistiendo en que “yo me considero una persona con sentido del humor pero esto de reírse de una enfermedad no lo veo, sinceramente, no es gracioso tener que recurrir a la risoterapia”.

“¿A ti te gustaría que se rieran de tu padre o de tu madre o de tu hijo porque tienen problemas psicológicos tan graves como una depresión?”, insistía el enfermo una vez suspendida la terapia. “Yo asistí a este taller de risoterapia dando por supuesto que las risas respetarían ciertos límites, y para mí el límite principal es el sufrimiento”, reconoce. Sus reflexiones, expresadas en voz alta delante de todos sus compañeros de Bienestar Vallecas, ha provocado el llanto a varias personas y la terapeuta que conducía la sesión se ha visto obligada a disculparse. “La risa es sanadora y éste era el motivo de todo esto, pero si alguien se ha sentido ofendido paramos, reflexionamos y pedimos disculpas”, dice Sonia Balmes, organizadora del encuentro.

Bienestar Vallecas se ha comprometido a organizar sesiones de “disculpoterapia” en las que los asistentes puedan pedir perdón a una persona que se haya sentido ofendida. “Sirven básicamente para reforzar la autoestima del ofendido, que siente que todas las miradas se ocupan de él, y si el ofendido es cada vez un paciente distinto a la larga puede acabar beneficiando a todo el mundo”, explica Balmes.

“Sentirte ofendido puede ser desagradable al principio pero luego te da la oportunidad de obligar a otros a rectificar, a amoldarse a tu sensibilidad, y eso reconforta”, argumenta la experta, cada vez más agradecida al incidente de esta mañana. “De los errores se aprende. Reírse es sólo el primer paso para luego tener que disculparse por haberse reído. Rosendo nos ha permitido darnos cuenta de lo importante que es decir lo que sentimos para que los demás se hagan cargo de nuestros sentimientos y modifiquen su conducta para que nosotros estemos bien. Se llama empatía”, reitera la psicóloga.

Rosendo Romero considera que el centro “ha utilizado mi malestar para abrir una nueva línea de negocio y, francamente, me siento utilizado y me ofende la iniciativa”. Su malestar será, de hecho, el punto de partida de la primera sesión de “disculpoterapia” que se celebrará en el taller el próximo lunes a las once de la mañana. “Nos disculpamos ya de antemano si no hay plazas suficientes para todo el mundo”, se adelanta la organizadora.