Después del atropello que provocó ayer la muerte de una mujer de 49 años en Tempe, Arizona, la empresa de transporte Uber ha instalado una nueva actualización en todos sus coches autónomos que les permite deshacerse de los cadáveres que hayan arrollado y darse a la fuga. “La idea es que los coches tengan la misma autonomía que las personas, después ellos ya decidirán qué es lo correcto”, declara Marcus Wiggan, desarrollador de software de la marca.

Desde Uber se insiste en que esta actualización no está diseñada para que sus coches cometan un delito de omisión de socorro, sino todo lo contrario. “Creemos que, aunque nuestros coches tengan la posibilidad de huir del lugar del accidente, optarán por quedarse y asumir sus responsabilidades siguiendo los valores que siempre ha tenido esta empresa”, asegura el director ejecutivo Dara Khosrowshahi.

Hasta ahora, al atropellar a una persona, los coches autónomos de Uber entraban en pánico y se calaban, pero gracias a esta nueva actualización el motor es capaz de seguir en marcha mientras se decide si quedarse o no. Para ayudar a tomar esa complicada decisión, se les ha instalado una nueva red de cámaras en la carrocería para vigilar que no haya testigos. “Y si los hay, el coche es capaz de atropellarlos también y esconder sus cadáveres”, reconoce Khosrowshahi.

Pensando en el supuesto caso de que un coche autónomo decida deshacerse del cuerpo de la víctima enterrándolo en el desierto, los desarrolladores han diseñado estos vehículos para que nunca vuelvan a ser los mismos y vivan atormentados por su terrible secreto mientras frecuentan gasolineras de mala muerte a pesar de tener el depósito completamente lleno.