Fiel a su cita como cada mañana, un reloj despertador ha hecho sonar hoy su alarma a la hora exacta que le había pedido su dueña. Sin embargo, al despertarse ésta, en lugar de agradecérselo lo ha tirado golpeándolo contra el suelo. “No es la primera vez que pasa”, denuncia el despertador, que no entiende por qué se enfadan con él si está cumpliendo perfectamente con su cometido.

“Te pasas despierto toda la noche para no cagarla, pero cuando llega el momento te insultan y te golpean”, declara visiblemente indignado. “Si es para motivarnos, que sepan que esta estrategia consigue todo lo contrario”, argumenta. “Sé de casos de despertadores que no sonaron por miedo y que al día siguiente fueron tirados a la basura por su bajo rendimiento”, añade. “Si suenas porque suenas, si no suenas porque no suenas, así no se puede vivir”, lamenta.

“A mí me dijeron a las seis y yo a las seis estaba sonando, no sé qué hago mal”, insiste. Muchos despertadores tienen que soportar tortuosas e inacabables jornadas laborales porque sus dueños van dejando que suenen cada siete minutos y no se levantan en toda la mañana. “Te dicen una hora pero después te piden otra, y tú tienes que estar ahí midiendo el tiempo”, asegura. “Luego se van de vacaciones y no te creas que te llevan contigo, son unos desagradecidos”, apunta.

La Asociación de Despertadores Españoles (ADE) ha denunciado en su último boletín mensual que los humanos los discriminan respecto a otros aparatos electrónicos. “Muchos han sustituido el despertador de toda la vida por la alarma del móvil, pero por mucho que los despierten no verás a nadie tirando el móvil al suelo”, lamentan. “No nos callarán”, advierten. “Nuestras protestas no se pueden apagar con un simple botón”, concluyen.