El proceso de besar la mano de Su Majestad puede durar entre tres y treinta segundos. Desde fuera parece un breve instante en el marco de un aburrido protocolo, pero en él se produce la activación de diferentes regiones del cerebro, hasta treinta partes diferentes, como los centros responsables de las emociones.

Un estudio llevado a cabo por expertos de la Universidad de Rutgers confirmó que, justo antes del besamanos, reaccionan los centros asociados a la recompensa. También reacciona la corteza, que recibe mensajes sensoriales del tacto de todo el cuerpo. Igual ocurre con el hipotálamo, la zona primitiva del cerebro. El sistema nervioso se adormece y bloquea cualquier sensación del dolor. El cuerpo está preparado para entregarse a la monarquía.

Cuando los labios húmedos entran en contacto con la mano del Rey, el tacto se hipersensibiliza. Las células del cerebro producen dopamina, activando los centros del hipotálamo que estimulan la liberación de oxitocina, incitan a las glándulas suprarrenales a producir adrenalina y se produce un decapéptido, la GRH (Hormona liberadora de gonadotropinas), que actúa sobre la hipófisis anterior controlando la secreción de LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona estimuladora de los folículos), las cuales estimulan la secreción de las hormonas esteroideas gonadales (testosterona, estrógenos y progesterona). El hipotálamo (células nerviosas en el núcleo para-ventricular), estimulado por las hormonas esteroideas, libera más oxitocina (retroalimentación positiva).

La investigación de la Universidad de Rutgers añade que, incluso entre los no monárquicos, besar la mano de Su Majestad puede resultar placentero: al verse forzado, el cuerpo segrega endorfinas para reducir el malestar, y un malestar prolongado produce una gran cantidad de sustancias placenteras que pueden estimular el sistema nervioso simpático.

Sería ideal para la salud de cualquier persona tener la oportunidad de besar la mano del Rey una o dos veces por semana. El propio monarca se besa a sí mismo con cierta frecuencia, y lo hacía de forma compulsiva durante su adolescencia. Desgraciadamente, sólo unos privilegiados tienen acceso a la mano del Rey. Al resto, de momento, nos tocará fingir.