Esta semana, un comensal del Mesón Paquita, en las afueras de Orihuela, sorprendió a los camareros pidiendo un bolígrafo mientras se acababa su plato. Cuando el personal del restaurante se lo entregó, el cliente intentó rebobinar la cinta de lomo que había pedido para volver a comérsela.

“El hombre clavó el bolígrafo en lo poco que quedaba de carne y se puso a darle vueltas de manera insistente”, relata un testigo presencial de los hechos. “Al principio pensamos que quería devolverlo y que por eso trataba de rebobinarlo, pero después supimos que se había quedado con hambre y quería comer más”, apuntan desde el mesón.

El plato es uno de los más demandados de la carta, pues se trata de una cinta de lomo con los grandes éxitos de la vaca. “Hay quien prefiere la cara A porque dicen que está más hecha, pero la cara B también ha tenido muy buenas críticas”, explicó la dueña del mesón a la prensa. “Algunos clientes se la llevan al coche para disfrutarla en la carretera mientras conducen”, agregó después, admitiendo que muchas gasolineras han empezado a servir las mismas cintas por el éxito que tienen entre los automovilistas.

Los responsables del establecimiento confiesan que hace meses tuvieron que retirar del menú el timbal de verduras porque los comensales lo aporreaban con los cubiertos y lo dejaban todo perdido.