Un estudio realizado por el Instituto de la Mujer ha establecido en tres cervezas la barrera que separa a un aliado feminista de un hombre normal. “Si hablamos de cerveza escocesa de mayor graduación, al quinto trago ya aparece el primer piropo”, matiza Elisa Martínez, principal responsable del estudio.

“De entrada, todos los aliados feministas testados se mostraron encantados de participar en un proyecto como este”, asegura Martínez. “Tras la primera cerveza, la mayoría alabó la importancia de realizar experimentos de este tipo para avanzar en la igualdad”, apunta. “Con la segunda, aunque seguían cooperando, preguntaban si estábamos seguras de estar conduciendo bien el experimento, ofreciéndose a ayudar”, reconoce. “Con la tercera cerveza ya salieron los piropos, las proposiciones de vernos más adelante después del estudio en plan relajado y, finalmente, insultos tras el rechazo y gritos de que somos todas unas putas”, informa la experta mostrando los gráficos con la progresión descrita y los resultados finales.

El estudio confirma que de la cuarta a la décima cerveza los hombres sufren una transformación de aliado feminista a depredador sexual. Pasada esa barrera, el ser humano regresa directamente al Homo Afarensis.