La sobrepoblación de koalas que se vive en las regiones costeras del este y del sur de Australia está causando serios problemas a los habitantes de este país oceánico. A día de hoy, dos de cada tres australianos tienen que vivir con un koala enganchado a su pierna. “Tienen unas garras muy afiladas y no te dejan moverte con normalidad”, se sincera Matt McCallister, conocido corredor de fondo nacido en Sidney.

Aunque a muchos australianos con trabajos de oficina llevar todo el día un koala en la pierna no les impide hacer vida normal y están más que acostumbrados a ello, algunas voces, especialmente de las nuevas generaciones, apuntan que el momento de deshacerse de estos marsupiales ha llegado. “Ahora mismo el país vive un conflicto generacional entre los jóvenes que quieren dejar de llevar koala y los mayores que no sabrían ni caminar sin ellos”, explica el sociólogo australiano Conner O’Connor.

“Los koalas dan mucho calor y dormir en verano es especialmente complicado con ellos enganchados”, declara un joven australiano. “Desde que nací siempre he tenido un koala amarrado a mi pierna y ahora deshacerme de él me resultaría muy extraño”, reconoce una mujer de mediana edad. “¿A dónde va a ir sin mí? ¿Y yo sin él?”, se pregunta la señora. Entre los animalistas, llegar a un consenso también está siendo difícil: unos defienden que el koala no sufre y otros consideran que el animal nunca superará sus miedos si no se anima a soltarse y a explorar el mundo por sí mismo.

De momento, el Gobierno australiano todavía proporciona un koala de oficio a los que no dispongan de uno, especialmente en las zonas del interior, donde estos animales no llegan a no ser que salten de una pierna a otra. “Lo que no podía ser es lo que pasaba hace años, que había australianos con un koala en cada pierna y otros que no tenían ninguno”, denuncia Virginia Woodstock, defensora del derecho a llevar un koala enganchado a la pierna. “Las nuevas generaciones quieren acabar con todas nuestras tradiciones”, protesta.

Esta misma semana, se ha sabido también que uno de cada diez australianos ha dejado de vivir boca abajo y ha empezado a colocarse del derecho. “Estar siempre del revés es muy perjudicial para la circulación de la sangre y puede provocar graves problemas de salud”, explica uno de los primeros australianos en apuntarse al cambio.