Ofenderse es el nuevo respirar. Al español del siglo XXI le basta con mirar en cualquier dirección para encontrar una decena de razones por las que sentirse indignado. Aunque, si estás leyendo esto, no debes preocuparte: Podrás convertir tu casa en un oasis de corrección política siguiendo nuestros prácticos consejos.

Presta especial atención al contenido de tu nevera. No incluyas en ella ningún producto cárnico, ya que podría ofender a los veganos. Tampoco es buena idea llenarla de vegetales que hayan sido cultivados con pesticidas. A muchas personas les molesta que consumas cualquier producto que no sea ecológico. Por otra parte, conviene que desenchufes el frigorífico para que no consuma electricidad. Tus invitados podrían encontrar insultante esa manera de dilapidar recursos energéticos. Sobra decir que los cultivos ecológicos no sobreviven demasiado tiempo a temperatura ambiente, así que, una vez hayas desconectado el electrodoméstico, te recomendamos mantenerlo vacío.

Evita ciertos colores a la hora de decorar tu casa. Algunos de ellos tienen connotaciones políticas. Es importante que prescindas, entre otros, del rojo, del azul, del morado y del naranja. Tus visitantes podrían asociarlos a ideologías con las que no comulgan. Si quieres curarte en salud, lo mejor que puedes hacer es pintarlo todo de color gris. Aunque puede recordar al corporativismo empresarial neocapitalista. Haz una cosa: tira las paredes, así no habrá que pintarlas.

Ten mucho cuidado con el cuarto del niño (o niña, o niñe). A tus amigos más susceptibles podría molestarles que incluyas en él cualquier detalle que predisponga a tu hijo (o hija o hije) hacia un género u otro antes de que él (o ella o elle) pueda decidir libremente si quiere ser hombre o mujer (o trans, o cis, o troll). Asegúrate de que en la estancia haya un balón por cada muñeca y de que se peine a un balón por cada vez que se patee a una muñeca. También es conveniente que en la habitación de los niños no haya ningún niño, a menos que sea adoptado. Hay gente que considera de mal gusto procrear en un mundo amenazado por la superpoblación.

Retira ese cadáver que tienes en el suelo de tu sala de estar. Aunque no lo creas, cada vez es mayor el número de personas que considera políticamente incorrecta la presencia de una persona muerta pudriéndose a pocos metros de un sofá.

Procura que en tus armarios no haya ropa de grandes multinacionales. No es habitual que tus invitados cotilleen lo que guardas en el interior de tus muebles, pero en caso de que lo hagan es mejor que sólo encuentren en ellos ropa de comercio justo. También puedes aprovechar esos espacios para albergar cuarenta cubos en los que poder separar los distintos tipos de basura. Si los compras de colores variados para diferenciarlos, recuerda evitar el rojo, el azul, el morado y el naranja.

¡Nada de WiFi! Pulveriza tu router con un martillo. Internet es la gasolina del indignado. (Aunque, por otra parte, ¿Sabes quién tampoco tenía internet? HITLER.)

Esconde ese globo terráqueo que tienes en la mesa del despacho. Basta con que uno de tus invitados sea tierraplanista para que se líe gorda.

Asegúrate de que tu casa no se encuentre en Cataluña. Ni en España. Ni en Venezuela.

No cuelgues ninguna bandera del balcón. Aunque, si no lo haces, pueden criticar tu falta de compromiso. Lo mejor que puedes hacer es colgar las banderas de los 194 países soberanos reconocidos en el mundo oficialmente, entre el magma de tela de colores nadie podrá averiguar si sobra o falta alguna.