Diez padres contemporáneos nos explican cómo se relacionan con sus hijos

FOTOGALERÍA

Braulio Torres, 61 años.

“Me paso el Día del Padre esperando la llamada de mi hijo. Luego no le cojo el teléfono porque es incómodo para ambos tener que hablar. Él y yo lo preferimos así. Como él sabe que para mí es incómodo no cogerle el teléfono a mi propio hijo, no me llama”.


Marc Rubio, 40 años.

“Me encanta mi hijo. Me encanta. Se llama Toni, o algo así. Y estoy seguro de que me felicitaría por el Día del Padre si me conociera. Saber eso es suficiente para mí”.


Jacinto Bellbé, 49 años. 

“No quiero ser su padre, quiero ser su amigo. Nos conocimos a través de su madre… Cuando ella no está, lo que hacemos es hablar de ella todo el rato, bromeando. La verdad es que cuando viene su madre, es un alivio para los dos y estamos más relajados”.


Pedro García, 54 años.

“Cuando nací estuve en el quirófano asomándome por la vagina de mi madre para ver si mi padre venía. Estuvimos esperando ocho horas. Al final los médicos, mi madre y yo seguimos adelante con el parto. Para que no le ocurra lo mismo a mi hijo, yo estoy allí siempre con él. Si quiere cortarse el pelo, yo le hago de peluquero. Si quiere estudiar, soy yo su profesor. Si necesita un transplante de hígado, yo soy el cirujano. Si quiere ver la televisión, yo le leo guiones en voz alta de mi teleserie ‘Mi padre’ que escribí para él. Si tiene hambre, le dejo que me muerda el brazo”.


Toni López, 55 años.

“Me gustaría estar orgulloso de mi hijo, pero no puedo… Juega al fútbol y no lo hace mal, pero Messi es mejor que él. Mientras Messi siga con vida no puedo estar orgulloso de mi hijo, esa es la verdad”.


Xoel Perelló, 52 años.

“Tengo una niña de siete meses en casa. Quiero ser su favorito, más que su madre, así que intento hacerle sonreír. Le doy helados cuando su madre no mira y le dejo ganar a los juegos de mesa a los que jugamos. Como todavía es muy pequeña no sabe jugar, así que nos pasamos horas delante del tablero de ajedrez sin hacer nada. Es bonito”.


Ramón Suárez, 48 años.

“Estoy divorciado. Para ganarme el cariño de mi hijo preparé un fin de semana de ensueño para él: parques de atracciones, películas, helados, partidos de fútbol, una carrera de quads… El problema es que me confundí y ahora me he ganado el cariño de un compañero de clase de mi hijo que se empeña en llamarme ‘papá’. Así que no, no merece la pena esto de querer mimar a tus hijos”.


Rogelio Antúnez, 47 años.

“Mi hijo o hija lo es todo para mí”.


Marc Clot, 39 años.

“La parte más feliz de mi vida es la fecha de nacimiento de mi hijo: 12-04-1987. Ese número me hizo ganar la lotería. Por suerte, no me hablo con mis hijos y no tengo que compartir el premio con esos desagradecidos. Pienso fundírmelo todo antes de morirme”.


Alberto Vázquez, 35 años.

“Cuando tuve un bebé pensaba que no sería un buen padre, que me faltarían fuerzas. Pero al final sacas energía de donde sea y ves que un gramo por las mañanas te mantiene con los reflejos siempre a tope… La naturaleza es sabia”.