Sólo dos días después de haber estado rodeado de las personalidades más importantes e influyentes de la industria del cine español en los Premios Goya, uno de los camareros de la gala ha sido atendido en un bar por uno de los actores a los que sirvió durante la ceremonia. “Tardó más tiempo en traernos la cuenta que en entregar el premio al mejor corto documental”, explica Jerónimo Antúnez, este camarero de 32 años que se gana un sobresueldo trabajando ocasionalmente para empresas de catering.

El actor en cuestión, que el sábado por la noche vestía con un traje caro y se codeaba con personajes como Javier Bardem o Penélope Cruz, hoy se encontraba detrás de una barra sirviendo cervezas y café desde las siete de la mañana. “Al principio pensé que estaba ensayando un papel, pero no, lleva trabajando años allí porque los clientes lo conocen por el nombre y eso a los actores españoles no les pasa”, se sincera el camarero, que le dejó una buena propina porque “sus dos últimas películas me encantaron”.

Como cada año, gracias al escaparate que supone la gala de los Goya, los premiados ya han empezado a recibir llamadas de cafeterías y restaurantes interesados en sus servicios. “Trabajar de camarero en los Goya es muy complicado porque estás rodeado de camareros y pueden detectar el más mínimo error”, confiesa Jerónimo. “Pero bueno, a ellos les pasa exactamente igual cuando se emite una de sus películas en la tele del bar”, añade.

Según fuentes cercanas a la cafetería, el actor que atendió al camarero se quedó haciendo horas extra para poder acabar de pagar el traje que lució en la alfombra roja de los Goya. “Por suerte, al ser hombre podré volver a llevarlo en la gala del año que viene y nadie se dará cuenta”, reconoció aliviado.