Esta semana se ha vivido una intensa polémica en el País Vasco a raíz de las declaraciones de unos nutricionistas de la región, que recomiendan reducir las comidas diarias de dieciséis a doce. “Consideramos que una ingesta de entre cinco y diez kilos de comida al día es suficiente para que el cuerpo de un vasco funcione con normalidad”, declaraba el doctor Jon Aramburu en Radio Euskadi el pasado lunes, provocando airadas reacciones en la sociedad vasca una vez se difundió la entrevista en las redes sociales.

“Quieren matarnos de hambre”, denunció el periodista Egoitz Arruabarrena, natural de Bermeo, nada más escuchar la noticia. Los nutricionistas se han tenido que comer sus propias palabras tras insinuar que más de un postre por comida podría ser excesivo. “Dar bistecs crudos a los bebés en periodo de lactancia tampoco pensamos que sea bueno”, aseguraron además, provocando un importante revuelo al cuestionar una tradición ancestral.

Muchos vascos consideran que, con doce comidas diarias, no se llega ni a las tres de la tarde. “El 70% de la población trabaja levantando piedras enormes, por lo que la cantidad de energía que necesitamos es muy elevada”, se justifica un vasco mientras eleva una piedra gigante por encima de su cabeza. El vasco medio quema 10.000 calorías diarias sólo masticando la comida que ingiere, pero aún así, estos especialistas consideran que 40.000 calorías por hora son suficientes para un vasco saludable. “El octavo costillar ya se come por gula”, dicen.

Las declaraciones de estos nutricionistas también han indignado a otros sectores de la población, como es el caso del colectivo vasco vegano. A los veganos de la comunidad no les ha hecho ninguna gracia que los expertos en alimentación cuestionen su cultura de engullir piedras.

Sin embargo, la reacción más drástica fue la de Joseba Arizmendi, vecino de Bilbao, que se puso en huelga de hambre ayer por la tarde prometiendo no comer hasta que los expertos en nutrición rectificaran. El ciudadano vasco tuvo que ser ingresado tras pasar más de veinte minutos sin ingerir ningún tipo de alimento, todo un récord en la zona.