Al fin los “runners” de todo el mundo han encontrado el destino que tanto perseguían. Hasta hoy, Runneria solo era una leyenda, la tierra que el profeta Josef Ajram había prometido a los corredores de todo el mundo. Sin embargo, esta mañana, a las 8:35, hora española, el primero de los “runners” ha llegado a la tierra prometida que motivaba a tanta gente a salir a correr hiciera frío o calor. Ha plantado su palo para “selfies” en el suelo, al que ha atado su camiseta sudada de 200 euros a modo de bandera para simbolizar la conquista del nuevo territorio y el adiós definitivo a la crisis de los cincuenta.

A lo largo del día, muchos muros de Facebook se han visto inundados de mensajes tipo “He llegado a Runneria en 3,2 horas” o “Estoy en Runneria. No volveremos a vernos. Ha llegado el momento de descansar”. Millones de calorías se han quemado en poco más de cuatro años en esta búsqueda infatigable. Ahora, en este nuevo enclave, los corredores podrán vivir en paz, sin miradas de compasión ni bicicletas ni coches amenazando su integridad.

Mientras Runneria recibía a sus primeros moradores, las ciudades del resto del mundo se vaciaban de ciudadanos en mallas. “Antes era imposible cruzar esta avenida sin ser atropellado por un exgordo mirándote por encima del hombro”, explica Carlota Sanz, vecina de Bilbao. Ahora, sin embargo, las calles parecen más anchas y los semáforos están huérfanos de gente estirando.

En Madrid, después de meses luchando contra la boina de contaminación, los niveles de polución han bajado notablemente. “La capa de sudor evaporado que cubría Madrid ha desaparecido”, reconocen fuentes del consistorio de la capital.

Poco se sabe de Runneria, la ciudad prometida. Los expertos deducen que su población la integran mayoritariamente personas de más de 40 años de edad que visten como si tuvieran 18. Se cree también que se expresan en un idioma propio formado únicamente por frases motivacionales. La moneda oficial es la caloría y el himno la lista de Spotify “Música que se adapta a tu ritmo”.