Los familiares del fundador de IKEA muerto esta semana, Feodor Ingvar Kamprad, han trasladado el cuerpo sin vida del fallecido contratando a unos inmigrantes con furgoneta propia que se encontraban en la puerta del tanatorio. De este modo se han ahorrado unos euros extra que les habría costado el coche fúnebre, según han explicado a la prensa.

“Es lo que él hubiera querido”, ha dicho Annika, hija de Kamprad, en referencia a la conocida obsesión del magnate por el ahorro, una máxima que le hizo triunfar con su modelo de negocio. Por este motivo, sus familiares han visto apropiado introducirlo en una Renault Kangoo junto con unas estanterías Billy que necesitaban “para el piso de una sobrina, que se acaba de juntar con un chico y, pobres, no van muy bien de dinero”.

Sin embargo, el transporte del cuerpo se ha demorado más de lo previsto. Según Wilson, conductor y propietario de la furgoneta, el GPS “se ha vuelto loco” y han acabado llegando media hora tarde al cementerio. A cambio, la familia Kamprad ha exigido unos perritos calientes gratis, a modo de compensación.

“Es lo que él hubiera querido”, ha repetido su hija.

Los problemas se han acumulado una vez ha llegado el cuerpo, situado dentro de un armario esquinero Silverån. Los empleados del cementerio han tenido problemas con las instrucciones de montaje del ataúd, que han tachado de “poco claras”. El sepelio se demorará unos días, hasta que consigan descifrar el manual.

A última hora, fuentes del Más Allá han informado de que Kamprad ha sido destinado al infierno, donde tendrá que montar estanterías Expedit sin instrucciones ni llaves allen durante toda la eternidad.