Tras el secuestro de la crónica periodística de Nacho Carretero en el día de ayer, el tráfico de ejemplares de su libro “Fariña” ya supera al de la fariña en el mercado negro. “Ahora que no se puede conseguir legalmente, la gente recurre a otros métodos para poder leer”, alerta Felipe Garcés, agente de la Unidad de Droga, Literatura y Crimen Organizado.

Cada vez es más habitual ver a jóvenes acudir a los parques de las ciudades con mochilas para hacerse con altas dosis de literatura. “Buscan emociones fuertes sin darse cuenta de que pueden acabar siendo atrapados por tramas criminales como la que escribió Nacho Carretero”, asegura el policía. “La novela se ha traducido a varios idiomas, por lo que su expansión global es una amenaza real”, añade.

“A día de hoy se está pagando más por el gramo de papel que por el gramo de cocaína”, crítica Miguel Camuñas, que fue durante años consumidor habitual de novelas y casi le destrozan la vida. “El problema es que Amazon les pone un capítulo gratis a los chavales para que se enganchen y luego acaban comprando cualquier mierda”, lamenta. “Muchos jóvenes que se han comprado el libro de Carretero no pueden dormir hasta que se lo acaban, y eso les perjudica en el trabajo o los estudios”, insiste este veterano lector ya rehabilitado. “Es importante saber qué es lo que te estás metiendo en el ebook”, recomienda a las nuevas generaciones.

El principal reto de las autoridades a día de hoy es muy claro: “Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para sacar los libros de los colegios cuanto antes”, aseguran, pues los planes educativos actuales, aunque van en esa dirección, son insuficientes. Preocupa especialmente que muchos adolescentes compartan libros sin ningún tipo de precaución. “Una cosa es leerse una línea o dos el fin de semana, pero cada vez se consumen más páginas entre semana”, denuncian también las autoridades.