Una mujer de Coslada asistió aterrada ayer al repentino desmayo de su marido en un local de Burger King y, desesperada, preguntó si había algún médico en la sala. Toda la plantilla del restaurante de comida rápida respondió al unísono levantando la mano pues, entre cocineros y camareros, el establecimiento disponía de un cuadro facultativo completo con pediatras, hematólogos, neurocirujanos, genetistas y más de quince investigadores.

“Realizada la primera exploración y reanimado el paciente con líquido para limpiar las mesas, detectamos la presión arterial muy baja, dificultades respiratorias y un dolor en la espalda típico de un aneurisma abdominal. Había que actuar con rapidez”, explica Almudena, encargada de atender los pedidos en la barra. Ella misma utilizó el intercomunicador para solicitar a la cocina un bisturí y practicarle al enfermo una incisión en la mitad de su abdomen, desde la parte baja del esternón hasta debajo del ombligo. Todo ello sin dejar de tomar nota de las comandas de otros clientes. “No había bisturí pero bastó con un cuchillo de plástico y más fuerza de la habitual”, explica la doctora y camarera.

Otro trabajador, Juanjo Marín, interrumpió su tarea de limpiar el baño en el que dos adolescentes habían vomitado veinte minutos antes para fabricar un tubo largo de plástico con una pajita, cosiéndola luego con suturas para reemplazar el aneurisma y permitir que la sangre siguiera fluyendo por la aorta del cliente. “Pasé el tubito a través de los vasos sanguíneos en cada ingle y los pegué a los vasos de las piernas”, detalla el empleado.

Mientras Almudena era relevada por otro experto en cirugía, pues debía ocuparse de atender a más de diez nuevos clientes, tres cocineros se encargaban de comprobar el pulso del paciente y luego, con la ayuda de la grapadora con la que se cierran las bolsas de cartón de los pedidos a domicilio, cerraron la incisión.

“Una vez retomó el pulso normal y la presión arterial había vuelto a la normalidad, le recetamos una King Junior Meal y un Bebedino de fresa para que se fuera recuperando”, explica la doctora Mari Carmen López, encargada de fregar el suelo del restaurante.

El matrimonio pudo continuar con la cena después de la operación de urgencia y regresó luego a su casa, aunque los camareros le recomendaron al enfermo que visitara un centro médico oficial para someterse a una revisión completa.

Agradecida, la esposa del hombre dejó dos euros con cincuenta céntimos de propina.