Dos heridos por asta de camello, uno en la pierna derecha y otro en la ingle, y cuatro contusionados por impacto de caramelo, dos de ellos con traumatismo craneal, es el primer balance de la cabalgata de los Reyes de Pamplona de este año, protagonizada por los camellos de la ganadería Núñez del Cuvillo.

Según diversos padres presentes en el desfile, las heridas han sido consecuencia de imprudencias de los niños más que de las intenciones manifiestas de los Reyes y sus animales, que son modelos de nobleza del campo bravo oriental. “Melchor lanzaba los dulces con más fiereza de lo normal”, declara un testigo visual, “pero es que está en su ADN y lo han criado para eso”, le disculpa.

El camello que portaba a Baltasar pasó todo ufano por la curva de Mercaderes y después enfiló a gran velocidad la calle Estafeta, cuando se encontró de bruces con un niño en mitad de la calle que lo miraba de frente, impávido como una estatua. Y se lo llevó por delante y lo corneó, como no podía ser de otra manera. El niño despistado ya reposa en el hospital, y se supone que con la lección aprendida: con los Reyes Magos, aunque repartan regalos, no se juega.

Tras completar el recorrido, los Reyes Magos y sus camellos llegaron a la arena de la Monumental de Pamplona donde, como es tradición, fueron torturados hasta la muerte ante la mirada de 19.529 eufóricos niños.