Sin comida y sufriendo calambres tras llevar más de 120 horas oculto en el Parlament, el candidato a la presidencia de la Generalitat, Carles Puigdemont, confía en ser investido pronto, dado que no cree que pueda seguir agachado mucho tiempo más, según han informado fuentes del PDeCAT.

Puigdemont, que volvió a Cataluña hace semanas, espera sorprender a los diputados de su partido y a todos los catalanes al aparecer durante el pleno de investidura, aunque reconoce que no ha sido fácil aguantar tanto tiempo oculto y, de hecho, ayer estuvo a punto de delatarse cuando dos agentes de la Guardia Civil registraron el salón de plenos y a él le entró risa nerviosa.

“No sé si levantarme de golpe cuando entren o esperar sentado y aparecer de la nada cuando sea mi turno de palabra, aunque temo que se me hayan dormido las piernas”, ha dicho Puigdemont, según fuentes de su partido. Pese a las molestias físicas que conlleva permanecer agachado en su escaño durante seis días y seis noches, comiendo chocolatinas y orinando en una botella, Puigdemont sigue creyendo que esa opción es mejor que intentar entrar en España en el maletero de un coche.

A esta misma hora, fuentes desde Bruselas informan de que Joan Turull, el doble que lleva semanas haciendo de Puigdemont, empieza a mostrarse preocupado ante la posibilidad de ser detenido por la Guardia Civil.