Si te llamas Juan Carlos I de Borbón, deshacerte de una amante en la cubierta de un yate en alta mar es relativamente sencillo pero, ¿qué hacer si la reina consorte te sorprende siendo infiel en tu propia casa? Olvídate del armario o el hueco de debajo de la cama. Nuestros expertos te ofrecen estrategias y escondrijos mucho más originales.

1. La funda de la almohada puede ser tu salvación. Embute en ella a tu cómplice de adulterio y pídele que permanezca inmóvil. De esta manera ni siquiera tendrás que sacarla de la cama. El único peligro es que la reina llegue con ganas de jugar a una guerra de almohadas y golpee tu cara con el cuerpo de tu propia amante, provocando que vuelvas a comparecer ante los medios luciendo heridas y moratones sospechosos.

2. Échala en el gintónic. A estas alturas de siglo no existe NADA cuya presencia en un gintónic resulte sospechosa. Será fácil convencer a tu esposa de que el pepino y el cardamomo se han vuelto demasiado “mainstream” y ahora una mujer desnuda como condimento es el último grito en Malasaña. Procura que tu amante no ingiera demasiada ginebra mientras flota en ella. Podría envalentonarse y confesar la verdad.

3. Disfrázala de bandera de España y cuélgala en el balcón. Un vestido con rayas amarillas y rojas como las de la estelada podría cumplir la misma función, pero en tu caso concreto resultaría inapropiado.

4. Coge el vaso del gintónic del punto número 2, vuélcalo, simula que lo usas para jugar a la ouija y dile a la reina que, a causa de ello, el fantasma de esa señorita ligera de ropa acaba de manifestarse en el salón.

5. Colócale a tu querida una pantalla de lámpara en la cabeza. Esto no servirá para engañar a la reina, pero probablemente engañe a las infantas.

6. ¿Tu mujer está a punto de sorprenderos dándoos el lote en la cocina? Embadurna a la muchacha con huevo y pan rayado. Empánala. Dile a tu mujer que es un cachopo que te vas a comer en honor a tu nieta, la princesa de Asturias.

7. Llama a Tejero y convéncele para que dé otro golpe de estado. Acto seguido, párale los pies en público. Con eso lavarás tu imagen de tal manera que hasta tu esposa te perdonará que le hayas puesto los cuernos.