Un grupo de botánicos norteamericanos ha estado varios años investigando diferentes plantas en el desierto de Arizona y ha descubierto que en el interior de los cactus hay una planta sensible e insegura que sólo quiere agua. “A la que rascas un poco, te das cuenta de que en el fondo es un ser vulnerable que, si pudiera hablar, pediría cariño a gritos”, apuntan los expertos.

Los estudiosos han recibido muchos pinchazos durante sus investigaciones, pero han sabido perdonar porque han descubierto que “los cactus pinchan por miedo a que les hagan daño, no conocen otro lenguaje y sufren un bloqueo emocional severo”. En el marco de este estudio, llevado a cabo por la Universidad de Phoenix (UoP), se han realizado comprobaciones nocturnas que han revelado que el 80% del agua que consume un cactus lo utiliza para llorar.

“Es una planta insegura y se parapeta en esta carcasa agresiva, pero tiene sed y demasiado orgullo para reconocerlo”, detallan los expertos. “Que aguanten bien la sequía no significa que no quieran agua”, añaden. “Hasta que no las conoces de verdad, no te das cuenta de cómo son en realidad”, sentencian con el cuerpo lleno de laceraciones después de haber abrazado a varios ejemplares de cactus “que realmente lo necesitaban”.

De hecho, la característica disposición de las ramas de los cactus no es más que una invitación al contacto físico: “Te piden que los abraces pero nadie se acerca por los pinchos, es un problema endémico de comunicación”, concluye la investigación, que recomienda a los que convivan con estas plantas que les pierdan el miedo y les den besos, caricias y, sobre todo, mucha agua “aunque parezca que no la necesitan”.