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El espíritu navideño volvió a imponerse un año más a los esfuerzos por evitar una reunión familiar en casa de los Sánchez Ramiro. Aunque ensangrentados y con varios moratones, todos los miembros de esta familia española consiguieron saltar la valla con concertinas instalada en la puerta.

“Normalmente, al ver la valla electrificada nos damos la vuelta, pero en Navidad es diferente”, declara el tío Antonio, que es el que se ha hecho las heridas más profundas. “En esta época del año hay que hacer el esfuerzo aunque no nos guste”, dice.

“Dan igual los obstáculos que nos encontremos o lo mucho que nos odiemos, vamos a cenar juntos como todo el mundo”, comentaba la abuela de la familia mientras agarraba el alambre de espino con sus manos desnudas tratando de acceder al domicilio de su hija Mari. Muchos de los regalos que traían quedaron enganchados a la alambrada, pero para los miembros de la familia “eso no importa porque siempre los devolvemos, ya que a estas alturas aún no conocemos nuestros gustos”.

Aunque los hijos de los anfitriones dispararon cientos de bolas de goma desde su trinchera detrás del sofá, sus estrategias defensivas fueron insuficientes frente a las ganas de vivir todos juntos unas fechas tan entrañables.

A última hora de la noche, debido a la copiosa cena, los asistentes fueron incapaces de volver a saltar la valla para salir del domicilio. El pánico a permanecer juntos más de una noche al año ya se ha adueñado de esta familia, que busca de manera desesperada la forma de salir de la casa. Algunos de ellos ya han saltado por la ventana.