Conscientes de que la actualidad política amenazaba un año más con monopolizar la conversación en la comida de Navidad, los miembros de la familia Ramos, de Madrid, acordaron este año por 15 votos a uno la aprobación de una agenda de temas que dejaba fuera “lo de Cataluña” y, en general, cualquier debate sobre política.

“Alfonso se posicionó en contra porque llevaba meses preparando su discurso sobre el tema catalán, pero este año dejamos claro que las mujeres íbamos a marcar la hoja de ruta porque ya iba siendo hora”, explica Rosa María Ramos, organizadora del evento. “Es mi casa, son mis reglas”, añade.

Sin embargo, las buenas intenciones y el hecho de haber declarado la casa familiar “Espacio 100% libre de humos y de ‘mansplaining’” no pudieron evitar que la conversación derivara en una crisis.

Por ello, las mujeres de la familia se vieran obligado a aplicar un “155” sobre Alfonso para que se calmara un rato. Por su parte, Alfonso recurrió al abuelo, a quien se considera el Tribunal Constitucional de la familia.

Hartas de injerencias patriarcales, las mujeres de la familia se plantaron y desterraron a Alfonso y al abuelo del salón, condenándolos a fregar platos en la cocina “por incitación al odio y difusión interesada de ‘fake news’”.