La pasada noche, los camareros del restaurante Goizeko Izarra de Bilbao tuvieron que entregar un táper a un cliente vasco porque fue incapaz de acabarse todo el contenido de su plato. “Como tenía acento vasco, pensé que estaba de broma”, relata un camarero. “Pero no, realmente quería llevarse la comida a casa porque le parecía mucha y no conseguía acabarla”, añade avergonzado.

La situación no pasó desapercibida para el resto de comensales, que asistieron abochornados al momento en el que los camareros retiraron el plato del cliente vasco, todavía con la mitad del chuletón y numerosas patatas. “Tenemos táperes para cuando viene alguien de fuera, pero es la primera vez en 47 años de historia que se lo entregamos a un vasco”, se sinceran los dueños del establecimiento.

“Cuando le sirvieron el chuletón de 1.200 gramos en la fuente de porcelana puso cara de sorpresa, así que pensé que le parecía poco”, declara el comensal de la mesa de al lado. “Durante la cena iba comiendo despacio, bebía mucha agua y le daba vueltas a la comida”, explican testigos presenciales.

El cliente, que tiene seis de ocho apellidos vascos, se ha convertido en la vergüenza de miles de generaciones. “Cuando pidió la carne muy hecha ya empezamos a sospechar que era un flojo, pero lo del táper no nos lo esperábamos”, reitera el personal del restaurante, en el que a día de hoy el ambiente todavía está enrarecido.

No se vivía un suceso tan desagradable en un restaurante desde que, en el año 1999, el cliente de un mesón gallego rechazó el chupito invitación de la casa porque, según él, “tenía que coger el coche”.