Con el objetivo de atraer la luz del sol a un piso que da a un oscuro patio interior, fotografiar el momento y ofrecerlo luego en Idealista, una familia de Tarragona ha empezado a realizar sacrificios humanos esta semana.

“Se acerca la hora del gran dios dorado”, proclamaba el pasado lunes Gabriel Cornejo, esperando que las entrañas de un lenguado lograran atraer al menos uno o dos rayos de luz. “No es fácil encontrar humanos para sacrificar, por eso estamos practicando antes con pescado y casquería”, dice.

Cuando Gabriel y sus familiares se mudaron a esta dirección ignoraban que la vivienda estaba privada de luz natural durante casi todo el año. El matrimonio tardó varios años en descubrir que, si se efectúa un ritual de sacrificio días antes del solsticio de invierno, el sol incide sobre una tubería de latón del patio interior, proyectando un reflejo que ilumina la sala de estar durante algunos minutos.

“Fue una cuestión de ensayo y error”, refiere el padre de familia mientras afila la daga curva que, con suerte, rasgará las entrañas de un comercial de Círculo de Lectores que llamó a la puerta intentando vender una suscripción y ahora espera su momento en la habitación de invitados.

Tras desollar a su víctima y comerse su corazón crudo, “entre otras cosas porque, con tanta tiniebla, no hay quien se aclare con los botones de la vitro”, los Cornejo aprovecharán los rayos del dios sol para sacar fotos del piso para Idealista. “Luego el reto será hacer los sacrificios mientras enseñamos el salón soleado al interesado sin que oiga los gritos, pero es cuestión de practicar, ya sabemos que no saldrá a la primera”, reconocen.