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“Este año tampoco”, certificaba Papá Noel a su regreso ayer de madrugada a Rovaniemi, en el Círculo Polar Ártico en Laponia, tras comprobar que el árbol de Navidad que montó en su casa justo antes de partir seguía como lo dejó, sin regalos ni sorpresas alrededor. “La factura de la luz bajo la puerta, eso sí me lo han dejado”, comentó con decepción, según fuentes cercanas a su hogar.

Papá Noel insiste en que es consciente de que repartir regalos por el mundo en Navidad forma parte de su trabajo “y uno debe conformarse con la satisfacción del deber cumplido”, pero reconoce al mismo tiempo que “todos esperamos cierta reciprocidad”. Añade además que estos días se inicia “la fase más dura, porque empiezo a recibir las quejas de todos los niños que no obtuvieron exactamente lo que esperaban”.

“Se ha estropeado la caldera, ha empezado a perder agua y ha empapado el suelo de madera, que se ha abombado”, comprobó Santa Claus nada más regresar a su cabaña. “El servicio técnico no responde, el contrato de mantenimiento caducó hace dos días y no pude renovarlo porque estaba de viaje, repartiendo ilusión”, explica.

A todo esto hay que añadir la lesión de uno de sus elfos, que amenaza ahora con demandarle porque, según dice, trabajaba de forma irregular, sin cobertura sanitaria. “Es mentira pero se aprovechan de que son muchos y de que Papá Noel no se puede permitir aparecer en la prensa vinculado a la explotación laboral, es un tema muy sensible”, reconoce.

Mañana por la mañana, el anciano espera recibir al menos los resultados médicos tras la extracción de varios pólipos del colon. “Ojalá sean buenas noticias, a estas edades lo único que pides es conservar la salud”, confiesa.