El juez Pablo Llarena ha metido miedo hoy a los presos de la cárcel de Estremera al poner de manifiesto en su auto el carácter violento y rebelde del ex vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras. “Dábamos por hecho que estaba aquí por motivos políticos y que le iban a soltar, pero lo mantienen porque es violento”, explicaba esta mañana José Manuel Rojas, alias “El amputador”, condenado a cadena perpetua por varios delitos de agresión, violación y secuestro. Rojas y otros doce presos han pedido que les cambien de módulo por miedo a lo que puedan hacerles “el ogro catalán y sus secuaces”.

Los representantes de los Latin Kings en este centro penitenciario han convocado a media tarde una reunión clandestina de urgencia en el llamado “pabellón de los atroces”, en la que han leído el auto en voz alta procurando que “la banda de los catalanes” no les oyera. Todos ellos han convenido en que es necesario llevarse bien con Junqueras y “acatar todas sus órdenes”, constatando que la justicia española lo trata como el enemigo número uno del país.

“Es afable, educado y cordial. Los criminales más bestias y sanguinarios siguen ese mismo patrón”, señalaba Inca White, condenado por atravesar dieciséis veces con un puñal a un miembro de la banda de los Trinitarios. White teme por su integridad y está estudiando catalán por las noches para mostrar buena disposición.

Entre los internos circula el rumor de que Junqueras es el brazo armado de una banda criminal secesionista operada desde Bruselas por un tal Puchi. Todos ellos se caracterizan por vestir bien, haber ostentado cargos de responsabilidad política y ser tremendamente rebeldes y peligrosos.

Aparentemente ajeno al miedo que infunde en sus compañeros de presidio, Oriol Junqueras insiste en subrayar que los presos “nos tratan de cine, se desviven por nosotros”.