El Instituto de Previsión Social (IPS) ha alertado de que, pese a disponer de muy buenas pensiones, los jugadores de golf retirados acaban sufriendo durante su jubilación porque no tienen ni idea de a qué dedicarse. “Es un palo para ellos, la mayoría simplemente se dedica a esperar con anhelo el momento de irse al hoyo”, indica Norma Bruño, licenciada en Trabajo Social.

“Cuando dejan este deporte, los jugadores caen en depresión al no encontrar nada en lo que invertir su tiempo y acaban encerrándose en casa”, apunta Bruño. “La soledad es el principal enemigo de los golfistas retirados porque toda la gente de su edad está jugando al golf”, añade. “Acaban arrastrando una mochila de frustración que sus ‘caddies’ ya no les pueden llevar”, sentencia.

“Igual me meto en una oficina a trabajar de ocho a tres”, dice Germán F., uno de los afectados. Leyendas como Miguel Ángel Jiménez han empezado a acudir a reuniones de trabajo varios días por semana con la esperanza de distraerse un poco y pasar un rato ameno en el interior de un edificio de oficinas. “Después de décadas de golf, es el momento de empezar un absorbente negocio al que dedicarme durante el resto de mi vida”, confiesa el bicampeón del Masters de Augusta José María Olazábal.

Muchos jugadores todavía en activo ya han empezado a colocar escritorios en sus campos de entrenamiento para desestresarse trabajando como si tuvieran su propia empresa y al mismo tiempo prepararse para la jubilación.