La tragedia vuelve a cebarse con México. En la pasada madrugada, Osvaldo Vargas, el único mexicano que nunca había sido tiroteado, falleció de muerte natural a los 74 años en su domicilio particular de la ciudad de Hermosillo. “Era único, sólo él aumentó la esperanza de vida del país en 25 años”, explica su hijo Ernesto mientras se recupera de un balazo que recibió hace dos días.

Los médicos forenses que certificaron la muerte de Osvaldo jamás habían visto un caso semejante. “No tenía sangre, no había casquillos, todavía no sabemos cómo pudo haberse muerto”, comentan. Para sus seres queridos, la mayor peculiaridad de Osvaldo Vargas no radicaba meramente en el hecho de no haber sido nunca tiroteado: “Lo increíble es que él tampoco disparó nunca a nadie”, dicen con asombro, sin descartar que una cosa tuviera que ver con la otra.

En varios hospitales de México se ha comprobado que algunos niños mexicanos ya han empezado a nacer con balas en su cuerpo. “No sabemos si es que les disparan en la placenta o si Lamarck tenía razón”, declaran desde el Hospital de La Paz, en Tijuana. “También nacen sin algunos órganos porque se venden ya en el periodo de gestación”, lamentan.

La violencia en México está tan asentada que muchas madres se niegan a dar a luz hasta que no les paguen el dinero del rescate. “No entregan a sus hijos hasta que se les deja una importante suma de dinero en la papelera de la habitación del hospital”, alertan los profesionales médicos.

Todo este contexto dificulta la realización de la autopsia del fallecido Osvaldo Vargas. “Los forenses sólo saben buscar el agujero de las balas y este cadáver no tiene, así que andan perdidos”, confirman las autoridades.