Ignorando por completo que la estrella en la que él cree que ahora vive su abuelo sufrió una violenta explosión hace millones de años, Toni Martín, un niño de ocho años, mira cada noche el astro antes de acostarse con la esperanza de que su abuelo se encuentre allí a salvo, pues sus padres le dijeron hace siete meses que allí es donde vivía su abuelo ahora, tras morir, según han informado fuentes cercanas a la familia.

Aunque después del fallecimiento los padres le aseguraron que su abuelo viviría para siempre en esa estrella y el niño se lo creyó, lo cierto es que hace millones de años esa estrella en concreto explotó en mil pedazos y lo único que queda de ella es la radiación electromagnética que ahora llega a la Tierra antes de seguir su camino hacia la nada más absoluta, según han confirmado científicos consultados.

“Allí está el yayo”, insiste el crío.

“Esa estrella dejó de existir mucho antes de que naciera su abuelo, por lo que es materialmente imposible que ahora viva allí”, explica el astrónomo español Andoni Pacheco. “Además, sólo con acercarse mínimamente a la estrella que mira su nieto, en caso de seguir vivo, el abuelo habría sufrido una muerte espantosa siendo totalmente deformado y abrasado por su gravedad y radiación”, añade.

“En realidad, lo que hace el niño es mirar con ilusión un espacio vacío del cosmos en el que no hay absolutamente nada y mucho menos su abuelo”, insiste el astrónomo, que considera las estrellas inhabitables, así como el espacio exterior.

Ajeno a esta realidad, el niño se mantiene ilusionado al sentirse acompañado por su abuelo en todo momento, ignorando que la luz en la que cree que vive su abuelo ni siquiera pertenece a una sola estrella, sino a varias, todas ellas ya extintas, que se encontraban en una galaxia muy lejana y a la que nunca llegará el ser humano.