Tras haber estado examinando la carta de arriba a abajo durante más de veinte minutos, Narciso Cañas, de 39 años, se ha visto obligado a pedir un entrante de verduras a la plancha y una lubina con guarnición de segundo, cuando secretamente deseaba haber pedido el menú infantil del restaurante.

Según los empleados del restaurante, Narciso lleva varios minutos observando los macarrones con queso y salchichas troceadas que come el niño de la mesa de al lado totalmente ajeno a la conversación de sus acompañantes. “No sólo es lo más rico de la carta, es que además es el plato más barato”, lamenta para sus adentros mientras espera con resignación la llegada de su insulsa parrillada de verduras.

Nada más abrir el menú, el plato de macarrones captó su atención, pero fue al pedirlo cuando comprobó que estaba incluido en el menú infantil y tuvo que cambiar su elección. “Tenía la esperanza de que en la carta de los adultos hubiese el mismo plato pero más grande, pero no ha sido así”, ha declarado con tristeza a la prensa. “Esto es una mierda”, ha pensado totalmente corroído por la envidia.

“Deberían sentar a los niños en otra sala porque no es justo ver cómo comen los macarrones”, se ha quejado en lo más profundo de su ser. “Si ellos quieren comer mis verduras, no pasa nada, pero si yo quiero comer sus macarrones no está socialmente bien visto. Eso es racismo”, ha llegado a asegurar con una rabia contenida que sus acompañantes han interpretado como parte de una broma.

A última hora, en el momento de los postres, Narciso también se ha sentido molesto al comprobar que el niño de la mesa de al lado se podía pedir un “Frigopie” mientras que a él le hacían elegir entre un flan, fruta fresca y un sorbete de limón.