Una señora de 73 años ha superado cuatro veces el límite de nandrolona consentido por la normativa del Consorcio Regional de Transportes de Madrid tras ser sometida esta mañana a un control rutinario después de una carrera para coger el autobús 27. Su esprint ha llamado la atención de los supervisores, que han sospechado al ver que la anciana había acelerado de cero a tres metros por segundo, muy por encima de las marcas habituales y más tratándose de una persona con artrosis y movilidad reducida.

“La lucha sin cuartel por obtener el mejor asiento en el autobús está llevando a la gente mayor a doparse, introduciendo las sustancias ilegales en bolsitas de té o mezclándolas con la medicación habitual”, explican desde la entidad del transporte metropolitano. “Hay que tener en cuenta que pelean contra adolescentes maleducados que nunca ceden el asiento o personas que se quedan embarazadas para contar con ventaja”, añaden los expertos.

El caso de Mari Carmen Bocho es especialmente llamativo por la cantidad de nandrolona presente en su organismo en el momento del test. “La nandrolona es un anabolizante androgénico esteroideo que puede ayudar a combatir la osteoporosis, pero la dosis de esta señora da a entender que se estaba dopando para ser la primera en el bus o en la cola del supermercado”, confirman desde la Comunidad de Madrid.

Más allá del dopaje, los médicos están detectando un proceso de adaptación gradual de los ancianos a la agresividad en el transporte público. “Midiendo la energía que producen los músculos de una persona mayor cuando pelea por un asiento en relación con su tamaño, la potencia muscular cuadriplica a la de un joven de veinte años”, explica el doctor Roberto Martínez. “Hay señoras que empiezan a perder pelo para mejorar su coeficiente aerodinámico”, agrega.

Bocho ha insistido en negar las acusaciones asegurando que ella no sabía nada, pero cuando se ha sentido acorralada ha huido a toda velocidad y en menos de diez minutos se encontraba en algún punto remoto de la sierra madrileña.