Para ser coherente con el boicot a los productos catalanes que está llevando a cabo, el receptor de un riñón de origen catalán ha decidido arrancarse el órgano y devolverlo hasta que pueda recibir uno español. “Por mucho que digan los médicos, ese riñón es incompatible conmigo”, reconoció el enfermo a sus familiares poco antes de extirpárselo él mismo.

Antonio Jimeno, de 77 años y orgulloso de ser español, se negó a usar nada que viniese de Cataluña para dar una lección a los independentistas. “Ellos se quieren separar de España, pues yo me separo de su riñón”, se justificaba mientras lo trasladaban ayer a quirófano en un estado de extrema gravedad. “No consumiré cava, vino ni órganos humanos catalanes hasta que abandonen el desafío independentista”, dijo minutos antes de morir.

Los familiares, aunque afectados por su muerte, se muestran orgullosos porque consideran que Antonio “murió defendiendo sus ideas y fiel a sus principios”. Las fuentes médicas consultadas se han limitado a declarar que “el transplante de riñón realizado hace una semana iba muy bien y estaba mejorando la calidad de vida del paciente hasta que descubrió su procendencia”. Añaden con resignación que “su cuerpo no lo rechazó pero él sí”.

Tras certificar la hora de la muerte de Antonio a las 17:14 de la tarde a causa de una severa insuficiencia renal, el personal médico del hospital quiso homenajear al fallecido cubriendo su cadáver con una bandera de España en lugar de usar la habitual sábana blanca. “Tuvimos dudas porque en la etiqueta ponía que la bandera había sido fabricada en Reus, pero al final la arrancamos y punto”, se sinceran.